Cada cierto tiempo tenemos noticias del comienzo del Apocalipsis desde Corea del Norte. Por eso, en un intento por preservar la cultura audiovisual después de la hecatombe, es necesario revisar y comentar una cinta del país oriental que, por su contexto histórico, social y político, no deja de llamar la atención. Pulgasari, estrenada en 1985 al otro lado del paralelo 38, es una película de acción… pero no de la acción a la que pudiéramos estar acostumbrados por este lado del mundo.

No es misterio que Kim Jong Il (el padre del actual Kim Jong Un) era un cultor del séptimo arte. Incluso en Netflix hay un documental llamado The Lovers and The Despot, sobre el secuestro de la actriz surcoreana Choi Eun-hee y su esposo, el director de cine Shin Sang-ok. Justamente es éste último quien codirige esta joya.

La película.

Pulgasari, en cuyos créditos aparece el líder norcoreano como productor, es una película kaiju con un dizque monstruo tipo Godzilla. La historia se sitúa en el Siglo XIV, donde Pulgasari es un pequeño juguete hecho por un anciano herrero llamado Takse, encarcelado por el señor feudal por negarse a colaborar en la producción de armas. El anciano muere debido a malos tratos por parte de sus captores. Al día siguiente, Ami, su hija, y Ana, el hijo, recogen el juguete desde la prisión. Y como cualquiera que haya visto un episodio de La Dimensión Desconocida o Cuentos de la Cripta podría predecir, el juguete cobra vida para vengar a su creador y salvar a los aldeanos.

Este juguete, pequeño al comienzo, tiene hambre de hierro, y al comer crece más y más, hasta que eventualmente se transforma en un gigante que pelea contra los ejércitos del tirano. Claro que hacia ese andar, Pulgasari será un sujeto en un traje. (Ojo a la factura… luce como una película japonesa de los 60, pero estamos hablando de una producción del 85, con un presupuesto muy, muy modesto).

Lo difícil de analizar películas hechas en una sociedad tan cerrada como la norcoreana es que es difícil conocer sus influencias. Si bien hablamos de un director surcoreano secuestrado, y con una gran trayectoria en su país, no es aventurado concluir que, por ejemplo, las escenas de batalla tienen mucho del estilo hongkones de los 60. O de un uso de la música similar al cine italiano, con unos tonos tipo Goblin?

¿Y quién es el bueno?

El monstruo requiere cada vez más sustento mineral de los aldeanos para mantener su reinado dictatorial. Es importante entender que el monstruo (con quien uno erróneamente puede sentir simpatía al comienzo) realmente representa a las “fuerzas malvadas del capitalismo”. Esas que pretenden salvar a la gente de la opresión, solo para seguir oprimiéndolas aún más.

En primer lugar, el propio Pulgasari no es el foco de la historia. En cambio, la película parecer ser más una epopeya. Por eso, es notable (igualmente esperable) el quiebre donde surge la figura heroica que derriba a este monstruo, y que se unge como salvadora de su pueblo. Ya pueden adivinar a quién representa esta figura heroica.

Pulgasari es una película que no tuvo mucha difusión fuera de los límites de la hermética nación. Pero hoy, gracias a la maravillosa internet, podemos verla completa acá. (No creo que hayan problemas de Copyright con una obra de Corea del Norte, ¿cierto?)