“Si la gente se amara entre sí, el mundo será un mejor lugar para vivir”.
Tommy Wiseau

El fin de semana pasado terminó el Festival de San Sebastián, y la Concha de Oro (el premio más importante del certamen) fue para “The Disaster Artist”, la película de James Franco basada en el libro homónimo de Greg Sestero, uno de los actores de The Room, la infame película de Tommy Wiseau, calificada por muchos críticos como la peor de la historia. A partir de este premio, y del estreno de la cinta de Franco a fines de año, seguramente surgirá la inquietud sobre la obra original, y es esa inquietud que trataremos de resolver (cual enigma cuántico).

The Room (2003) ¿La peor película de la historia?

La cinta está producida, escrita, dirigida y protagonizada por Tommy Wiseau, un misterioso polaco americano que bien ha jugado al misterio con sus orígenes (por ejemplo, no se sabe cuándo nació). Claramente esto ha ayudado a cimentar su estatus de personaje de culto, pero mucho más lo ha hecho su ópera prima. Una película tan, pero tan mala que llega a ser buena de lo mala que es. O digamos, disfrutable.

The Room es una película definida por Wikipedia como un drama romántico. Intentar explicar la trama puede resultar inútil, pero lo intentaré. Tommy Wiseau juega al banquero Johnny, que está en una relación compleja con Lisa. Ella lo está engañando con su mejor amigo, Mark, que pasa la mayor parte del tiempo jugando con una pelota de rugby. En medio de unas incomodísimas escenas de sexo de una gratuidad jocosa, hay un traficante de drogas, una anciana amargada, un psiquiatra, un niño pervertido y unos cuantos personajes extraños que se añaden a la mezcla.

Cada conversación se inicia con un emotivo “¡Hola!”. Y casi todo el diálogo es incomprensible. El guión también se caracteriza por numerosos cambios de humor inexplicables en personajes dentro de la misma escena. Por ejemplo, Johnny (Wiseau) entra a escena enojado, pero cambia su tono completamente al saludar a uno de sus amigos. También las inconsistencias se muestran cuando la mamá de Lisa habla, de la nada, sobre su cáncer de mama, para no retomar jamás esa línea. La (pobre) argumentación es el sello de la película.

Si bien no es la más icónica, hay una que muestra la declaración de principios de Wiseau. En ella, Lisa, la novia malvada y manipuladora, habla con su madre acerca de su odio a Johnny. La mamá responde: “Él te apoya, él te provee, y cariño, no puedes apoyarte”. Así, The Room está bañada de un narcisismo cinematográfico como el que Vincent Gallo hizo con The Brown Bunny. Pero bizarro.

El culto

Como sea. Lo más notable de todo lo que ha surgido de acá es que, a diferencia de Ed Wood (y su culto póstumo), Tommy Wiseau ha construido una industria en torno a su fama. Esto, porque al igual que las reprogramaciones en su época de The Rocky Horror Picture Show, The Room genera entusiasmo desmedido entre sus fans, que no sólo asisten al cine, sino que viven la experiencia en comunidad. Cuando la película ya tenía diez años, en 2013, cines independientes de EEUU la repetían una y otra vez. Se creó una iglesia con Tommy como su pastor.

El juego acá va más allá de la película misma. El encanto aumenta con su proceso de producción. Dentro de la recolección de evidencia de este nuevo mesías de lo bizarro, podemos contar que: hizo la película en 35mm y en digital al mismo tiempo; Tommy pagó durante cinco años una gigantografía de la película en una avenida de Hollywood. (y que ayudó a captar la atención en Los Angeles); Además de las afirmaciones de Wiseau sobre el costo, que asciende a unos 6 millones de dólares. Sin dejar muy en claro la fuente de los recursos. Ha jugado al misterio y le ha resultado muy bien.

Tommy está muy consciente de que todo esto que vive es LA oportunidad de su vida. Se ha reconocido a sí mismo, y no tiene pudor en comentar The Disaster Artist junto con James Franco. Allí dijo que le encantó su “homenaje” en un 99,99% (sólo no le gustó la iluminación al comienzo). Se ha hecho parte de una fama que no lo abandonará, pero de una carga hacia el ridículo cinematográfico que deberá llevar de la mejor manera.