En 1960, Michael Powell trajo a la pantalla grande Peeping Tom, una historia de terror sobre el voyerismo. El mismo año, Hitchcock reveló la ya célebre Psicosis. Sin embargo, fuera del circuito angloparlante, en Francia, Georges Franju estrenaría Les yeux sans visage (Eyes without a face), una cinta de terror tan macabra como las anteriores, pero con un estilo y sutileza estética particular.

La historia

Un cirujano, el doctor Génessier (Pierre Brasseur), en complicidad de su ayudante Louise (Alida Valli, Miss Tanner en Suspiria), secuestra a mujeres jóvenes. ¿Por qué? Pues para quitarles la cara y tratar de injertarla en su hija Christiane (Edith Scob), cuyo rostro fue desfigurado en un accidente de auto provocado por su padre. De ahí, sentimiento de culpa maximizado.

Al igual que Psicosis y Peeping Tom, Eyes without a face combina lo visceral, lo filosófico y lo psicológico. Especialmente el cuestionamiento sobre hacer el bien, pero dejando muertos en el camino. Acá esto es más literal, pues obviamente muchas pruebas fallan, llevándose consigo la vida de las jóvenes.

La estética de la película, y su sello, están dados por cómo se presenta el personaje de Scob. Christiane luce una máscara banca, impertérrita, sólo transmitiendo sus emociones a través de sus ojos. Esta desnaturalización recuerda otra cinta, también del 60, con otra protagonista digamos, enmascarada, en La Máscara del Demonio, de Mario Bava.

En todo caso, en Eyes without a face, este recurso se lleva a su máxima expresión, con una Christine mucho más melancólica y existencialista. Tribulaciones todas que las expresa a través de sus ojos, en una actuación magistral de Scob, limitada por esta máscara que más bien es el recordatorio permanente de la culpa del padre. En esta relación siniestra, a la hija se le sobre victimiza, a un nivel de restarle toda autonomía. La delgada línea entre el cuidado cariñoso y la opresión culposa. Ternura y crueldad.

Incluso, hay algunas reminiscencias a Vertigo, de Hitchcock. Especialmente en la idea de reconstruir a una mujer a imagen y semejanza de una anterior (en el caso de la cinta francesa, la misma). Claro que uno de los aspectos más tensionantes de la cinta es la escena de la operación.

La operación

En dicha escena, se despoja de la música a la que ya nos tenía acostumbrados la película. Así, el silencio exacerba la intriga sobre el desenlace de la intervención quirúrgica. Esto, añadido al ritmo, ya que esta escena dura cerca de 5 minutos. Nada de elipsis narrativas. Aquí la sutileza toma una pausa, y todo se muestra… en ello se subraya lo visceral, aún cuando no es gratuitamente sangrienta ni nada por el estilo. Recordemos que hasta entonces, en el cine de terror incluso, se podían mostrar deformidades o situaciones de desequilibrio mental. Pero no era usual mostrar tormento físico en el acto (Esto sería más explotado en el giallo italiano posteriormente, y en una medida más exagerada, por Jess Franco).

En conclusión, Eyes without a face es una película brutal y obsesionante.  A los conocedores del horror siempre complacerá la sutileza y elegancia en el género, en un sentido estilístico. Una idea sobre la restauración del orden establecido en respuesta a las propias fallas, pero en términos propios: máscaras y jaulas de oro.