Hay veces en que una película es tan mala que gusta por lo mala que es. Otras veces, es tan mala llega a ser buena, y luego vuelve a ser mala. Finalmente, hay otras que son malas, y que sólo queda reir con ellas. De esas últimas es Robot Ninja, una joya de J.R. Bookwalter.

Huelga decir que hay mucho cine, principalmente de los 80, que se iba directo a video. Nada de cines ni alfombra roja. Y era hecho con muy, muy poco dinero. De ese campo, Bookwalter era el rey. Así comenzó con The Dead Next Door, su ópera prima, producida por Sam Reimi (y como toda obra donde estaba Sam Reimi, esta también cuenta con Bruce Campbell en sus filas). Esa estética amateur sería su sello.

Con todo, Bookwalter se apuraría para agarrar su tajada del frenesí ochentero provocado por Terminator y Robocop (ya hemos hablado de R.O.T.O.R., la película favorita de este blog). No tuvo mejor idea que llevar a la pantalla grande (o chica) su idea: Robot Ninja.

Vamos con una exposición más o menos lineal

Robot Ninja comienza con un desconocidísimo Michael Todd como Leonard Miller, un popular artista de cómic. Miller está más que molesto con que su creación, Robot Ninja, se haya convertido en una serie simplona para la TV (ah, en el universo de la película, el comic es ultra famoso y la serie de TV también, a pesar de lo cutre de ambos). Eso sí, Miller está molesto con el tratamiento de su personaje en la tele, y busca mejorarlo. Así, encuentra nueva inspiración después de casi ser asesinado en una confrontación muy random con un grupo de violadores en serie.

Con la ayuda de su amigo inventor, el Dr. Hubert Goodknight (interpretado por Bogdan Pecic, alguien que se retiró de la actuación en 1992), Larry se convierte en una versión real de Robot Ninja. Todo bien, aunque descubre que luchar contra el crimen no es tan fácil como ponerse un traje y ya. (Seguramente el resultado de ver mucha tele, como cuando alguien ve mucho animé y cree poder hacer proezas, y termina golpeado por los demás).

A pesar de lo vilipendiada que puede ser, Robot Ninja se adelanta a su tiempo. Expone ideas iniciales en la línea del superhéroe de la calle, ese que puede ser un cualquiera, como lo mencionamos en el párrafo anterior (Pensemos en Kick Ass). Como es de esperar, Robot Ninja a menudo sufre de la limitación de su presupuesto.

No me digas…

La película, filmada en 16mm, sufre de una fotografía muy oscura, y la actuación es casi tan inconsistente como predecible. El protagonista, que no alcanza jamás a tener la fuerza necesaria. Goodknight es el patiño científico que, digamos, tampoco es taaaan científico. Pero lo que lleva la mala actuación al paroxismo es el grupo de maleantes, que son desagradablemente caricaturescos.

Por si todo esto fuera poco, la película entera debe durar una hora y 15. Entre el prólogo de la historia, y la secuencia de créditos, se van los primeros diez minutos. De hecho, la secuencia de créditos, infumable, dura más de 4 minutos. Podemos llegar fácilmente a la primera media hora sin entender para donde va la historia, sin historias paralelas ni nada… hasta cuando en el tercer acto nos damos cuenta que el grupo de maleantes del comienzo es EL ÚNICO grupo de maleantes de la película.

Robot Ninja no alcanza la ambición del primer largometraje de Bookwalter The Dead Next Door. Y aunque el target es obviamente en fanático del bajo presupuesto, es muy difícil mantener la atención. Pensemos en Bad Taste, que pensada como B y todo, logra mezclar géneros y ser una película genuinamente entretenida.

Es posible que en algunos momentos los ojos se desvíen al timeline de Facebook y dé la sensación de no haberse perdido nada de la historia. Pero si nos saltamos esos baches, y entendemos el chiste, podemos reírnos con (o de?) Robot Ninja.