A veces llegas al final de una película y tienes que sentarte un momento y reflexionar qué diablos acabaste de ver. Eraserhead (David Lynch, 1977) es el epítome de una película de este tipo. Generando una reacción similar, pero en las antípodas del logro artístico está Cosmos: War of the planets. (La película tendrá otros nombres, como fue la tónica del cine B a la hora de ser exhibido en distintos mercados).

Dios no existe

Cosmos: War of the planets es una película de ciencia ficción italiana dirigida por Alfonso Brescia, sobre el temperamental capitán Hamilton (John Richardson) y su tripulación. Son enviados a reparar un satélite y, en el camino de regreso, son desviados a la fuente de una misteriosa señal que se transmite a la Tierra. La señal viene de otro planeta que parece estar en un curso de colisión con la Tierra. Así que Hamilton y su tripulación deciden ir a ese otro planeta, sólo para encontrar con que los habitantes han sido reducidos a esclavos por un computador gigante originalmente construido para servir a las necesidades de esas personas.

Bueno, al menos, creo que de eso se trata. Después de ver Cosmos: War of the planets, tuve que sentarme y pensar en lo que acababa de ver. Digamos que durante los primeros 40 minutos, no pude seguir ningún tipo de historia definida. Juntando las escenas, eso parece ser lo que estaba pasando. En todo caso, muy poco del diálogo me dio suficientes detalles específicos para saber con un 100% de certeza.

Lo que más captura la atención del espectador confundido es la producción (entera). La historia es coja, la actuación es terrible, y hay un enorme,enorme número de personajes que no tienen patas ni cabezas. Además, y como era costumbre ya en el cine giallo, todos los personajes son doblados a un inglés más comprensible, ya que originalmente son los mismos actores italianos quienes hablan en inglés con un acento más parecido al de Luigi, el chef italiano de Los Simpsons.

En aspectos más técnicos, podemos decir que el vestuario y el maquillaje asemejan más a una obra de teatro infantil. Y nos quedaríamos cortos. Los alienígenas son actores pintados plateados y orejas de Spock. Incluso hay una escena de sexo que bien podría ser aprobada por el Vaticano. Al menos, nos hace pensar que, en una nave que viaja a la velocidad de la luz, siempre es bueno usar un cinturón de seguridad.

Lo más perturbante

Pero lo que realmente es el zénit del descaro es la computadora alienígena. Esta máquina que ha logrado esclavizar a un planeta no es más que un montón de circuitos con luces parpadeantes. Si cualquier civilización es capaz de construir y programar una máquina lo suficientemente avanzada para tomar el control total del planeta y alimentarse de la energía psíquica de sus habitantes, al menos uno podría pedir que no tuviera una cara sonriente. Sé que mis palabras no logran describir totalmente al computador, así que aquí está:

Fuera de todo, el personaje de Hamilton es sostenible. Es un militar que simplemente no le gusta que las computadoras guíen sus rutas y mandatos. Su lucha contra la máquina cobra sentido, aunque de una manera poco efectiva.

Es evidente que Brescia tiene un amor por el género, y se refleja en los créditos. El director italiano luego hará otras tres películas de ciencia ficción, de igual calibre, por decirlo elegantemente. Miren, cualquiera puede llegar a apreciar algo hermoso. Eso es más fácil. Pero encontrar belleza en algo tan increíblemente malo toma mucha sensibilidad y reflexión.

Afortunadamente la película es de dominio público, y se puede ver en YouTube. La recomiendo si quieren vivir una experiencia lo más lisérgica posible sin los efectos colaterales de salud.