Utilicé el título del primer protagónico del belga Jean Claude Van Damme para retratar un poco el significado simbólico detrás de JCVD, una comedia de sus tierras, dirigida por Mabrouk El Mechri el 2008. ¿Pretencioso? Tal vez, pero para ir un poco a tono.

Partiendo…

Digamos que la premisa básica de JCVD exige que aceptemos a Jean-Claude Van Damme como una de las estrellas de cine más famosas del planeta. Este puede ser el caso Bélgica (como decir que Luis Dimas fue amigo de Frank Sinatra).

La trama de JCVD es una historia de rehenes bastante simple. Van Damme, de regreso en Bruselas (después de haber declarado en un tribunal por la custodia de su hijo en Los Angeles), entra a una oficina de correos donde unos maleantes están parapetados, con rehenes dentro. Gracias al ojo atento de los empleados de la tienda de videos al otro lado de la calle, así como a algún mal momento por parte de Van Damme, los canales de TV que cubren la crisis, y la gente agolpada afuera, asumen que es Van Damme quien tiene secuestrada a la gente.

Claro que la película no se trata realmente de la crisis de rehenes. Al final, es sobre Van Damme, sus inseguridades, su fama y, finalmente, incluso su amor por sus padres .

Los otros rehenes le piden que patee algunos traseros para acabar con los secuestradores, pero Van Damme se niega, en un tono reflexivo que más pinta tiene en una película de Jean-Luc Godard. Incluso, sorprendentemente rompe el cuarto muro. Plantea un monólogo mirando a cámara, sobre lo que significa estar al final de su carrera, mientras va elevándose por sobre el set de filmación de la misma película que estamos viendo. Bertolt Brecht estaría orgulloso.

Raya para la suma

La película es una comedia bastante audaz y, ehm, europea. Plantea una válida pregunta acerca de las celebridades en decadencia, tipo Sunset Boulevard (Billy Wilder, 1950). Pero carece de una historia bien contada. Si bien es interesante ver el lado más reflexivo de un tipo famoso sólo por pegar combos y patadas, no logra enganchar bien con el secuestro -carente de todo suspenso-, la historia fuera de la oficina de correos, y sus tribulaciones personales. Especialmente el grupo secuestrador, su dinámica interna cae en la caricatura.

Fuera de eso, sí tiene momentos divertidos, especialmente la primera media hora que instala la historia. El juego entre planos subjetivos afuera de la tienda de videos es cómico. También lo es la situación posterior de la señora mal estacionada, todo en un plano secuencia. (La comedia es el arte de los silencios). Perfectamente puedo imaginar una película con un Chuck Norris o un Arnold Schwarzenegger haciendo de él mismo, en medio de un secuestro.

Muchas veces todo este enigma ontológico no es más que una terapia personal de Jean Claude Van Damme. En una conversación con su mamá, que el equipo negociador lleva allá, Van Damme dice cosas horribles sobre su propia carrera, que seguramente muchos críticos desearon.

La idea de la terapia tiene bastante sentido. El 2016 estrenó, de la mano de Amazon, un piloto llamado Jean Claude Van Johnson. Allí, es un actor de acción en retiro / agente encubierto (aún no se han filmado más episodios). Definitivamente, más allá de cualquier reflexión interna, a Van Damme le acomoda bastante ser Van Damme.

JCVD (2008)

Francia-Bélgica-Luxemburgo

Dirección: Mabrouk El Mechri

Reparto: Jean-Claude Van Damme, François Damiens, Zinedine Soualem.