En los albores del cine clásico, era usual que en las salas gringas tuvieran doble función, con un estreno esperado, y otra película chica y más corta. Éstas últimas eran por lo general de ciencia ficción y terror, y a nuestros ojos contemporáneos podríamos decir que colindaban con lo bizarro. The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975) rescata y homenajea la estética y el lenguaje de este cine inadaptado.

Una pareja muy agringada compuesta por Brad Majors (Barry Bostwick) y su prometida Janet Weiss (Susan Sarandon), deciden visitar a su profesor. Sin embargo, en el camino revientan un neumático, por lo que se ven obligados a pasar la noche en una casa cercana de donde tuvieron su percance.

Dentro de la casa, Brad y Janet se encontrarán con Dr. Frank N. Furter (Tim Curry), en sus propias palabras, un “travesti de Transexual, Transilvania”, que viene a la Tierra para crear al hombre perfecto (Rocky Horror, un rubio musculoso bronceado). En el intertanto, se quita la inocencia a la pareja agringada, hay canibalismos y orgías raras. Todo muy en el tema.

The Rocky Horror Picture Show está basado en un musical del (casi) mismo nombre. Richard O’Brien escribió tanto el original como su adaptación al cine (O’Brien también actúa en la cinta como el jorobado ayudante del Dr. Frank N. Furter), en una suerte de homenaje a ese cine bizarro de los años 40, lo que se puede notar claramente en la escena musical donde cantan “Science Fiction Double Feature” en un escenario, con la imagen de la torre de RKO, tan típica al comienzo de muchas películas de la época, especialmente de terror (Como King Kong, de 1933).

Tim Curry como el Dr. Frank N. Furter es el motor de la película. Es un tipo que, aún vestido de mujer -con tacones y todo- durante la película entera, no pierde su masculinidad, que se amplifica en las escenas musicales con una voz muy erótica y una fuerza que impacta, especialmente a la pareja-típicamente-gringa. Esto, añadido al fuerte contraste de color, es una bofetada en la cara que nos despierta y nos sitúa en un mundo atrevido.

Otro aspecto destacable es su atemporalidad. Tiene 42 años, y sin embargo, es tan fresca como si fuera actual. Es más, me atrevería a decir que infinitamente más fresca que su lamentable remake de 2016, del cual espero que nadie hable y sea olvidada para siempre. Y la estética rescatada está muy bien ensamblada: los errores de continuidad y los fallos de edición visibles bien son homenajes a las mismas cintas de las que se inspiró, y que no se caracterizaban por una pulcritud formal.

No necesita ser valiente, porque ya es atrevida y, por sobre todo, divertida. No busca ser un panfleto llamado a romper con los tabúes como la ambigüedad sexual (1975, ojo), el canibalismo y un largo etcétera , sino otorgar una experiencia, y ésta se completa con un público participativo. Ver la cinta en la casa o con una audiencia callada no suma, y eso es muy importante tenerlo en cuenta.

The Rocky Horror Picture Show está disponible en Netflix, y también será exhibida en la Sala Sazié, de la Universidad de Chile (Alameda 1058, Santiago), este martes 23 de mayo a las 19 horas, con acceso gratuito.