Los Olvidados es una de las cintas en las que Luis Buñuel contó con carta blanca absoluta en su proceso creativo. Cuenta la historia de varios niños que viven la pobreza y el abandono, que delinquen para subsistir, y si bien la historia pudiera centrarse en Jaibo, la verdad es que esta historia coral se centrará en Pedro.

¿Cómo? ¿Los pobres no son bondadosos?

El relato comienza con el Jaibo, un joven algo mayor que los demás niños de una pandilla, que acaba de salir de una correccional. Aquí le pide ayuda a Pedro, y juntos van a ver a Julian, otro muchacho quien Jaibo insiste en su culpabilidad por delatarlo. A Jaibo se le pasa la mano con la amenaza y lo mata, situación que ve Pedro, a quien amenaza para que no hable.

A partir de entonces, Pedro buscará encausar su vida y conseguir un trabajo. Durante este periodo, se irá encontrando nuevamente con Jaibo, quien se las arreglará para poner en problemas a Pedro.

En todo caso, la historia de Jaibo y Pedro será acompañada por la de Ojitos, un niño abandonado en un mercado que “adopta” un comerciante ciego. Ojitos será sus, eh, ojos. Pero la empatía que se pudiera tener con el ciego acaba cuando se quiere pasar de listo con Meche, una menor de edad.

Dentro de toda esta historia no se puede pasar por alto a la madre de Pedro, una mujer que siente un desprecio por su hijo, que iremos entendiendo a medida que avanza la historia. Esta relación afecta a Pedro, lo que se podrá ver en la escena de su sueño, espacio onírico donde Buñuel es especialista y donde se desprenden todas las aprehensiones y miedos de Pedro. Querrá pelear contra su destino, pero será difícil. Las circunstancias lo son todo.

¿Falta más?

A lo anterior, creo que una de las escenas que más fuerza da al tema de las circunstancias es una donde Pedro está en el centro y se le acerca un pederasta, que finalmente será alejado por un policía.  Por tratamientos como estos, Buñuel fue apuntado con el dedo como un infame, que con su atrevimiento quitó la visión piadosa sobre la marginalidad. Los mexicanos no estaban contentos con la desmitificación de unos mocosos pobres que, contrario a una conciencia de clases, se roban entre ellos, y no tienen problemas en matarse. La individualidad llevada al extremo, de la forma más violenta y visceral, causó mucho incordio.

Claro que en ese momento, nada hacía presagiar que ganaría Cannes al año siguiente. La visión de Buñuel, que mezclaría una puesta en escena neorrealista con el surrealismo que ya era parte de su sello, permitió conocer una historia de infancia perdida sin elementos endulcorados, y sin final feliz. Una vez con el palmarés bajo el brazo, el español avecindado en tierras mexicanas fue recibido como un genio sin par, y nuevamente se le permitió dar rienda suelta a su imaginación.

Un sello Buñuel

Los Olvidados otorgará a la historia escenas y diálogos memorables (como “El trabajo es para los burros”), o la idea de mejorar de una enfermedad poniendo una paloma debajo de la cama. También, así como los burros serán parte simbólica importante en su trabajo anterior, Buñuel escoge ahora a las gallinas, que estarán presentes en varios episodios de la cinta, para representar la condena del protagonista. Eso si, el cineasta español será fiel a un relato naturalista, a pesar la delicadeza con la que envuelve de surrealismo a la historia (tal vez la escena que rompa de forma más brutal ese naturalismo sea cuando Pedro come un huevo que parece estar podrido, y con asco lo escupe hacia la cámara, rompiendo el cuarto muro).

¿Y donde la puedo ver?

Afortunadamente, y gracias a archive.org, se puede disfrutar de la película en su totalidad. De vez en cuando es necesaria una dosis de cine más crudo posible. Buñuel lo otorga.