“La Morgue” (“The Autopsy of Jane Doe”, 2016, Andre Ovredal) plantea una premisa interesante: descubrir la causa de muerte de una mujer que fue encontrada bajo tierra en un sitio de suceso. Claro que el camino a un resultado satisfactorio se verá enrarecido cuando el cuerpo, que superficialmente no presenta ningún hematoma, esté casi destruido por dentro. La pregunta viene de cajón ¿Cómo pudo ser eso posible?

Brian Cox (“La Hora 25”, “El Ladrón de Orquídeas”) es quien lidera la autopsia junto a su hijo, encarnado por Emile Hirsch. Cabe destacar que casi la totalidad de la cinta sólo se centra en una locación: la morgue. Este elemento ayudará a crear la atmósfera necesaria de un terror limitado por un espacio del que no se puede salir (tipo “Phone Booth“, o “La soga“). Esto, porque la policía necesita una causa de muerte, y por ello será que padre e hijo deben trabajar toda la noche para resolverlo.

El cuerpo de la joven (Jane Doe, la etiqueta gringa de un NN) presentará en su interior enigmas sobre cómo logró tanto daño sin tener un rasguño por fuera. Aún en el primer acto de la película, se puede apreciar un naturalismo fehaciente, pero sin muchas respuestas. Por lo mismo, da la sensación que la historia se queda sin muchas ideas, y es ahí cuando lo estrambótico sale a colación.

Ese primer acto, donde no parece ocurrir mucho, se balancea con primeros planos bastante poco placenteros, de sierras cortando partes del cuerpo de la NN, y del duro sonido de huesos quebrados a medida que deben explorar su interior. Al menos esta primera parte puede dar una idea de lo naturalizado que Brian Cox tiene su trabajo (En una escena, la novia de Emile Hirsch quiere ver un muerto, y Cox llega a escena tomando un café, evidenciando el aspecto rutinario).

Destaquemos algo

Pero el aspecto más interesante de esta película es la convicción de Cox que todos los cuerpos tienen algo que decir. Nada puede estar tan oculto como para no ser develado en algún momento. Y en esa convicción es que la relación padre-hijo irá tomando un camino más profundo, y el emocionalmente hermético padre irá abriendo su alma, por decirlo de alguna manera.

Lo anterior, en el afán de rescatar algo interesante, porque en términos narrativos, la película avanza por la cornisa entre el naturalismo y la inverosimilitud, que sólo se sostendrá por el shock value comentado al comienzo, de mucha víscera y sonidos de huesos quebrándose. El suspenso sólo está dado por el cambio de imágenes radicales, pero sin mucho sentido y en un universo que no se esfuerza por dar explicaciones (Pienso en lo bien logrado de este aspecto en “The Blair Witch Project”, en contraste).