Silence es la nueva apuesta de Martin Scorsese, cuyo principal eje parece ser sobre el cuestionamiento de la fe. Cuenta la historia del Padre Ferreira (Liam Neeson), quien fue a Japón a evangelizar en el siglo XVII, y se enfrentó a la dureza con que eran tratados los cristianos. Como no se sabe nada de él, los padres portugueses Rodriguez y Garupe (Andrew Garfield y Adam Driver, respectivamente) van a buscarlo. En ese destino, también serán testigos de la hostilidad que permitió al archipiélago asiático mantenerse libre del cristianismo. Y ese lugar transformador será el escenario del aparente cuestionamiento.

Rodrigues y Garupe llegan a la isla y se encuentran en una villa de cristianos clandestinos, temerosos de la autoridad del Inquisidor. Así, los religiosos también se esconden durante el día y hacen sus labores sacerdotales de noche. Pero ojo, que no llegan solos a Japón, sino que en compañía de Kichijiro, un errante que, con el paso de la película, develará su verdadero pasado atormentado, y un sentimiento de culpa inmenso por sus acciones que involucraron a quienes más quería.

Durante las más de dos horas y media de la cinta, Rodrigues y Garupe trabajarán juntos, y también se separarán. Aquí, es cuando la historia se centra en Rodrigues y su necesidad de creer en las fuertes convicciones de Ferreira. Se rumorea que Ferreira fue convertido y ahora trabaja para el gobierno. Ahora tendrá que confirmar el rumor (está en la primera escena de la cinta, así que no es spoiler).

Adelantarnos en la película vale la pena tanto porque en duración no vamos ni en la mitad, como también muestra que uno de los temas más interesantes que aborda es la destrucción de la individualidad desde la tortura, y cómo quiebra las creencias de las personas. Lo veremos durante toda la película con Kichijiro, una especie de Judas que irá zigzagueando entre ser un lobo solitario. Su debilidad ética lo hará buscar expiación en más de una oportunidad.

La tortura cumplirá un objetivo aleccionador en la persecución de los habitantes cristianos de las aldeas: si siguen esta secta clandestina, esto les va a pasar. Rodrigues ve esto, y aunque confía en la robustez de las creencias de Ferreira. ¿Podrá el Padre ser lo que dicen los rumores? ¿Habrá renunciado a su fe después de someterse a tantos vejámenes? Y si es así ¿Podrá resistirlo el mismo Rodrigues?

Ahora, todos estos tormentos pueden saltarse si los sometidos pisan imágenes cristianas. Incluso diciéndoles “sólo basta con que poses el pie”, develando una burocracia carente de convicción. Es interesante cómo una idea tan contemporánea como obedecer, se presenta acá como una forma razonable de enfrentar situaciones límite.

En resumen, si bien Silence es potente y hermosa, lo principal subyace en las lecturas más profundas. Más allá de los sentimientos y emociones con que empatizamos, es la violencia lo que configura las acciones.