En un mundo lleno de CGI, efectos especiales y presupuestos desorbitantes, se agradece una buena idea sin tantos lujos ni fuegos artificiales. Así, en 2007 salió a la luz The Man from Earth, una ciencia ficción sin ruido ni pretensiones gigantes, pero que sorprende por su simpleza.

La película, idea original de Jerome Bixby -que nunca logró terminar su guión-  cuenta la historia de John Oldman, un profesor universitario que invita a sus colegas a una reunión de despedida, pues se va a trabajar a otro lado. Lo que parece una amena jornada se volverá una acalorada discusión cuando Oldman se tiente a hacerles una confesión: Tiene 14000 años.

Tomado al comienzo como un chiste, todos sus amigos académicos inquieren, y Oldman tiene respuestas lógicas. Una acción netamente sostenida por el diálogo y circunscrita a una habitación. Intriga pura.

Obviamente, lo primero que está en juego es la verosimilitud del argumento de Oldman. Pero eso dará paso luego a la credibilidad del discurso del personaje.  Ésta parece abrir más dudas, y presumir que es todo lo que dice es cierto.

Lo anterior lleva no sólo a un cuestionamiento de creencias, sino a afirmar las convicciones propias, profundizando en la naturaleza del ser humano y su evolución en el tiempo. Reconstruyendo axiomas y desacralizando el Cristianismo. Todo esto provocará el rechazo de una de sus colegas.

El planteamiento de la película, que parte como una broma entre colegas, es de una progresión notable. Esta fuerza está dada principalmente por las actuaciones. Durante 90 minutos, olvidamos que estamos viendo una cinta hecha con el vuelto del pan. El guión lo es todo acá.

En ese sentido, lo mejor es verla con la mente lo más desprejuiciada posible. Tratar de referenciarse con otras cintas de ciencia ficción de bajo presupuesto, como la primera Cubo. Es entretenida, pero sobre todo, invita a la reflexión. Aquí, es el espectador quien deberá hacer gran parte del trabajo.