Luego de ser aclamada en el último Festival de Sundance, y recibir buenas críticas de la prensa especializada y del público, llega a Chile Manchester by the Sea, película dirigida por el dramaturgo Kenneth Lonergan, y que cuenta con 6 nominaciones a los Premios Óscar, incluyendo Mejor Película, Guión, Actor y Actriz de Reparto.

Manchester by the Sea es una película que explora en profundidad el dolor de la pérdida y el sentimiento de culpa, a través de Lee Chandler (Casey Affleck), un conserje corto de carácter que vive en un sótano, y que un día recibe una llamada donde le informan que su hermano Kyle ha muerto, por lo que debe regresar a su pueblo costero para ver los detalles del funeral, y hacerse cargo del hijo de éste.

Desde aquí, veremos cómo en este regreso a sus raíces, Lee revive su pasado y escarbamos en su desolación frente a la vida. La experiencia de quien ya ha vivido la muerte y de la manera más desgarradora que puede ser para un padre, y que ahora debe hacerse cargo de su sobrino Patrick, a quien ha visto crecer y se transforma en una nueva oportunidad de paternidad, que llega de la nada y que tratará de asumir. Este es un gran desafío para un personaje que, la verdad, ha intentado huir siempre.

La experiencia paternal anterior de Lee lo confronta con Randi (Michelle Williams), su ex pareja a quien vuelve a encontrar, y que ha logrado reconstruir su vida, con una nueva pareja y un hijo en ciernes. Más a través del flashback, es como comprenderemos esta conversación y cómo moldea a Lee.

Es que, desprovista de toda épica, la cinta explica con un ritmo envidiable la historia personal de Lee. En este trayecto narrativo, nutrido en viajes que nos remiten al pasado, no sólo entendemos el background del personaje, sino que nos damos cuenta que incluso puede ser peor de lo que el espectador podría haber imaginado. En ese sentido, esta nueva oportunidad de ser padre para puede aparecer como una forma de redimirse y reconstruir, alejando la culpa que lleva consigo. El mar abierto aporta a ese ritmo una lentitud necesaria, y evoca la incertidumbre de lo que vendrá.

Curiosamente, no todo es drama. En la que seguramente es la secuencia más fuerte de la película, una escena de slapstick se tomará parte la acción, en una comedia de errores que sin embargo, no daña la crudeza principal. Este carrusel de emociones es parte de la vida, y de la cotidianidad. El dolor no deja fuera lo demás, sino que da lugar a otros sentimientos, algo que Lonergan ya había hecho en sus dos títulos anteriores (You Can Count on Me, y la Margaret).

La forma juega un papel fundamental en el film. La tosquedad de Lee se construye también a través de una ausencia de música en la primera parte, que apoyado también en la latencia de los diálogos del comienzo, establecen el alfabeto en el que se escribirá esta historia. Visualmente hablando, la prácticamente totalidad de las escenas se componen de manera estática, contemplativa de una historia construida más por lo que le ocurre a Lee, que por lo que hace.

Manchester by the Sea nos mostrará la soledad, pero también lo importante de poder contar con alguien incluso cuando quieres estar solo. Nos mostrará lo difícil que es perdonarse a uno mismo, especialmente cuando sabemos cómo dañamos a los demás. Pero por sobre todo, es una película sin pretensión de pontificar.