Los 90 no es la única época en la historia de la humanidad que contaba con adolescentes descarriados (Tipo Transpotting -pero no la 2, que es horrible). Así que de una forma o de otra, la droga ha estado presente. Es sólo cosa de escarbar un poco (sí, incluso antes de Scarface).

Así, llegamos a Dwain Esper. Esper era un hombre de su tiempo: En los años 30 empezó en EE.UU. un cine tabú y de explotación, principalmente empujado por el restrictivo Código de Censura de Will Hayes de 1934, que entre otras cosas estableció un respeto irrestricto a las instituciones norteamericanas, y la exaltación de una moral proba (y digamos, se trató de una convención vigente hasta los 70). Este cine tabú estadounidense mostraba drogas y violencia, pero siempre con un mensaje esperanzador, dejando en claro que eso era malo, y que si la sociedad no hacía algo, la juventud se iría por mal camino. Una especie de advertencia que sólo era una excusa para mostrar lo que se quería (En forma similar a lo que el productor de El Gabinete del Doctor Caligari buscaba con el prólogo y epílogo de la película, añadido con posterioridad y muy resistido por los autores de la cinta).

Dwain Esper era no sólo un pionero en el explotation, sino un tipo independiente de los grandes estudios. En 1933 hizo una película llamada “Narcotic”, sobre el consumo de opio y sus consecuencias. Una explotación de un tema tabú interesante para la juventud, que es la que asiste a las salas de cine. Con un dejo de lección tipo “no a las drogas”, Esper supo leer cómo saltarse la censura y tener éxito en hacer películas.

Vamos a permitirnos una elipsis notable en su obra (con títulos como Assasin of Youth y Sex Madness), y nos saltaremos hasta “Marihuana” (1936), una película que se puede encontrar íntegramente en YouTube. el metraje, obvio, habla sobre la cannabis, con sendas advertencias de cómo está consumiendo a la juventud americana, que como sociedad hay que unirse para detener esta epidemia y un largo circunloquio que dura unos dos minutos. Corte a: Fiesta desinhibida, joven muchacha que cae en el flagelo de la droga, muchos adolescentes exageradamente felices y vida licenciosa. 

Así, llegamos a una fiesta en una casa en la playa. Después de un festín de marihuana, unas chicas, todas voladas, se van a bañar desnudas a la playa, riendo, saltando y gritando. A su regreso, se dan cuenta que una no está con ellas, y descubren que murió ahogada. De ahí en más, eventualmente todo se va a salir de control gracias a la droga, con violencia, muertes y prostitución.

Durante la cinta, su protagonista (Burma) tendrá conflictos con su madre, y así veremos cómo su inocencia e ingenuidad inicial se ve crecientemente abordada por la indisciplina, la audacia y la insurrección a medida que avanza la película.

No nos debemos quedar en lo desarticulado de las actuaciones (Recordemos que estamos finalmente en una película de los ’20 de bajísimo presupuesto) ni en la actitud abiertamente moral del prólogo sólo porque sí, sino que esta cinta nos invita, más allá de su forma, a reflexionar sobre las posibilidades que ciertos realizadores fueron capaces de captar, para construir su obra y mandar un mensaje.

Como documento, es riquísimo en explicarnos lo contemporáneo del tema, y no sólo eso, sino la respuesta de una sociedad conservadora sobre los alcances de los elementos que disocian a la juventud. Estamos hablando de una época de prohibiciones, y donde en unos años más habrá listas negras. Aleccionar será la consigna de cine norteamericano desde siempre y hasta nuestros días.