Algo pasa con el malo que no aprende su lección y se sale con la suya. Los anticuerpos generados con el listillo, más aún cuando es un snob, es peor. Sin embargo, en El Hombre de al Lado (Gastón Duprat y Mariano Cohn, 2009, Argentina), es la visión más global la que la sitúa en una comedia negra. Porque la verdad, es el sufrimiento del poderoso lo que más mueve la película, ya que es muy difícil sentir empatía con ese protagonista.

Situémonos. Leonardo es un petimetre arquitecto obsesionado con las apariencias. Luce como exitoso, pero en muy poco rato sabremos que tiene una esposa detestable y una hija pre-adolescente que lo ignora 24/7. Al final del día, Leonardo sólo tiene su imagen.

Ellos viven en una casa (Curuchet) diseñada por Le Corbusier, en La Plata (la única del arquitecto suizo en el continente americano). Más que un detalle visual, esto será muy importante para comprender los espacios, especialmente cuando siente que lo invade un indeseable: Víctor, un vecino estereotipo de villero, que derrumba parte de un muro para hacer una ventana y tener un poco del sol que a Leonardo le sobra.

Víctor derriba un muro simbólico, el de la clase social. Obviamente a Leonardo le importa un diantre y, con esposa histérica de por medio, quiere que se restituya el muro. Más divertido es cuando vemos las terminaciones de la ventana, que son una aberración a la arquitectura de la casa.

Leonardo no tiene problemas con la terraza-jardín, ni con la plantas libres, parte de la arquitectura del suizo. Incluso tampoco tiene problemas (aparentes) con vivir en un lugar icónico donde todo el mundo se para fuera a sacarse fotos. Esto último es una invasión que no le preocupa mayormente, aún sabiendo en el lugar en que vive. Es la cotidianidad de Víctor y lo distinto que representa lo que lo saca de quicio.

La trama no avanza mucho y las cosas van ocurriendo un poco porque sí. No son más que situaciones límites donde Víctor quiere amistarse y hacer su ventana (de modos poco ortodoxos). Otras en que vemos cómo Leonardo y Ana, su esposa, son unos presumidos. Detestan a Víctor. ¡Pero! después de comentárselo a sus amigos snobs, esperan a que se vayan para luego burlarse de ellos. Es tan seguro de su imagen, que lo vemos en la escena en que intenta pasarse de listo con una alumna que va a su casa, sin retractarse jamás.

El discurso de clases con el vecino es notorio en toda la película. Víctor está dispuesto a hacer algo por Leonardo, y Leonardo no tanto.

Cero voluntad de la élite de querer cambiar, y dispuesta a todo por mantener el status quo. Al final de la cinta, queda una sensación bolchevique y el deseo profundo de acabar con la burguesía.