Sin ánimo de spoilear, la última frase de la película dice mucho sobre una obra que recoge la necesidad imperiosa de crear relatos, y el dificultoso camino que deben enfrentar sus personajes para poner sus ideas, tanto en papel como en imágenes.

Todd Solondz es un cineasta que en su filmografía recoge el lado oculto de la vida gringa de suburbio. Ya lo vimos en Welcome to the Dollhouse (aunque ahí era aún algo endulcorada), en Happiness (una película para ver especialmente cuando quieres que tu familia se destruya) y nuevamente en esta cinta del 2001, donde nos muestra dos historias, tituladas “ficción” y “no ficción”. La primera considerablemente más corta que la segunda. Ambas, con personajes cínicos y con relatos muy críticos del American Way of Life.

Solondz siempre ha sido un incordio para Hollywood, y en Storytelling da cuenta de su aspereza en su enfoque sobre la homosexualidad, el racismo, la nula convivencia familiar, las relaciones mentirosas y algo tan de moda ahora, como lo falso de la corrección política. No es coincidencia que esta película sea posterior American Beauty. La cinta de Sam Mendes, a un nivel superficial se mostraba, como rupturista. Pero después de cualquier fisgoneo subtextual podemos ver que es igual de conservadora que cualquiera de sus contemporáneas.

“Ficción”

Selma Blair es una estudiante de pregrado que junto a su novio con parálisis cerebral toma una clase de literatura con un escritor afroamericano ganador del Pulitzer y que resulta ser un pesado. Obvio, esta careta de pesado esconde algo más. Es en esa exploración donde el personaje de Selma Blair termina humillada, no sólo sexual sino creativamente.

“No Ficción”

Paul Giamatti es un wannabe documentalista, que realmente trabaja en una tienda de zapatos. Un fracasado que Solondz lo construye un poco como su alterego. El personaje de Giamatti encuentra a Scooby (Mark Webber), un adolescente que sólo quiere ser famoso sin hacer nada, que vive con sus padres, una madre caricatura judía, y un papá personificado por John Goodman, irascible, a punto de estallar por todo. Junto a ellos está el hijo del medio (estereotipo deportista) y el hijo chico (un listillo). También está Consuelo, la nana centroamericana que odia su vida. Ella está excluida a comer en la cocina, pero irá visibilizándose a medida que la historia avanza.

El documental se centra en cómo Scooby tiene que dar los SAT y su ingreso a la universidad. Eso si, Giamatti no sabe muy bien de qué se trata su documental. Su montajista, personificada por Franka Potente, le hace ver sus inseguridades y básicamente lo destruye. Finalmente, el objetivo va variando mientras avanza.

“No Ficción” curiosamente tiene los elementos más ficcionados de la película (Así como “Ficción” es la historia más plausible). Esta contradicción es consciente en un film que se preocupa de desenmascarar a sus patéticos personajes todo el tiempo.

Storytelling es una película cuyo mayor activo es su ambigüedad moral. Fuera de todo púlpito como otras películas que terminan por ser pasquines conservadores, Storytelling es cruda, sin moraleja final. No se fija en poesía ni en belleza visual, que parecen nimiedades frente a la fuerza de la historia.