Archibaldo de la Cruz es un hombre acomodado que, en su infancia durante la Revolución Mexicana, presencia la muerte de una de sus institutrices. Ahí nace en él una extraña fascinación placentera por la sangre y por la muerte (vaya, que novedad en México). En adelante, veremos cómo intenta revivir ese momento por sus propias manos, en un ensayo de un crimen.

Lo que más desea en el mundo es matar. Pero digamos que Archibaldo lo planea de manera perfecta, y es en la ejecución donde las cosas no sales como quiere. Ese tinte de humor negro es maravilloso desde el minuto uno, cuando la película comienza con Archibaldo relatándose a una monja el recuerdo de infancia antes mencionado. En resumen, la monja muere (ojo, no es spoiler. Pasa en los primeros 5 minutos). Pero no muere como lo desea Archibaldo, sino por circunstancias fuera de su alcance. Definitivamente, es un criminal teórico, y otras muertes tendrán el mismo camino. Un pobre diablo, a fin de cuentas.

No es de extrañarnos que la historia afecte no sólo a un burgués, sino a su entorno de lujo, fiestas y ostentación. Buñuel nos mostrará a lo largo de su filmografía su fascinación con la burguesía y sus temas ocultos, demostraciones de poder en una violencia subjetiva con cara amistosa, con costumbres completamente inconscientes de la realidad.

Sin ánimo de adelantar mucho hacia la trama, en una secuencia de un matrimonio vemos, por ejemplo, al comisario (gobernador), a un cura y a un militar, el poder político, religioso, y de las armas, discutiendo entre ellos la importancia de cada uno, en una situación endogámica irrisoria, pero muy real de la élite, y que nos invita a reflexionar sobre estas dinámicas con una perspectiva desconfiada.

Especial nota a las mujeres de la historia que Archibaldo intenta matar. Estamos hablando de tres mujeres acomodadas, hermosas, y con un corte de cabello parecido. Hasta logro percibir un poco de Vertigo de Hitchcock acá (El británico siempre fue admirador del español). Claro que a diferencia de Hitchcock, Buñuel no sienta su relación desde el miedo, sino desde el deseo narciso.

El tema del desdoblamiento no sólo está en estas tres mujeres muy parecidas entre si, sino en una en particular, Lavinia, que también fue modelo para maniquíes y Archibaldo se hace con uno. La escena entre Archibaldo, Lavinia, y el maniquí es notable para entender más esa fascinación por practicar la muerte a alguien, entendiendo esa perspectiva psicológica de sus deseos ocultos. (No deja de ser entretenido que al final las muertes se producen por su deseo más que por su acción).

Finalmente, la culpa está intacta y es genuina. Vemos no sólo en la escena del matrimonio, sino en uno donde Carlota es obligada a rezar, que el componente católico de la culpa es explotado, y que las tribulaciones de Archibaldo son más bien respuesta a un círculo fuertemente dominado por una cultura conservadora e hipócrita, llena de normas sociales. Todo esto, afortunadamente, desde un punto de vista irónico de principio a fin.

ahora, podemos decir que el punto bajo de la película es precisamente el cierre, donde (spoiler) vemos que, después de todo, la historia acaba con (falso?) final feliz, algo terapéutico. Claro que después de todo lo que vimos, pensamos ¿será de verdad su nueva postura? Lo que puede parecer un final cerrado, perfectamente puede ser aún más abierto de lo que pensamos.

Pueden pasar y ver Ensayo de un Crimen aquí. Comentémosla.