En 1962, El cineasta Francois Truffaut se propuso entrevistar a Alfred Hitchcock,y hablar sobre su obra. La experiencia se extendió durante una semana, y de ella salió uno de los libros más importantes de la historia del cine, Hitchcock/Truffaut. Esa conversación, ayudada gracias a una traductora, sólo fue grabada en audio, y de la reunión se sacaron unas cuantas fotografías. Ironías de la vida, uno de los cineastas más estéticos tuvo tan profunda investigación registrada sin imágenes en movimiento.

Así, durante el 2015, el documentalista Kent Jones y Serge Toubiana, co-guionista y exdirector de la Cinémathèque Française, se proponen reconstruir el diálogo añadiendo de alguna manera esa imagen en movimiento sin registro, a través de los pensamientos de Martin Scorsese, David Fincher, Wes Anderson, Peter Bogdanovich, entre otros, los que con sus opiniones enriquecen tanto su propio trabajo como la referencia que los ayudó a construir sus carreras. Esta recuperación vive en dejar plasmada la influencia de Hitchcock sobre el trabajo de estos creadores contemporáneos, con el punto de partida de lo que significó el británico para el francés de Los 400 Golpes, una especie de padre que nunca tuvo, y de quien aprender. (Riquísimo en significado es cuando el mismo Hitchcock intenta encontrar explorar en la ópera prima de Truffaut, diálogo del registro de audio que escuchamos mientras vemos la escena citada de la película).

Recordemos que si bien se puede coincidir en el aporte histórico de Hitchcock al cine de Hollywood y su genialidad a la hora de transformar relatos promedio en sendas películas, la verdad es que para los críticos de su época, su etiqueta era más bien la de un engranaje funcional a un cine de entretenimiento, sometido al Star System. Truffaut busca hacer justicia no sólo desde este libro, sino desde su entrevista junto a Claude Chabrol al maestro durante el rodaje de To Catch a Thief 20 años antes, reflejo de que los cineastas de la Nueva Ola Francesa lo reconocían más como un autor, y eso es parte esencial de este trabajo, donde se recurre a directores para reelaborar la experiencia. Ya lo decía Alfred, “Para mí, los actores son ganado”.

Gracias al testimonio de los cineastas citados para el documental, podemos profundizar en la idea ya vista durante el libro sobre los planos icónicos de las películas de Hitchcock, y en los objetos fuerza que daban puntapié a sus historias, los famosos McGuffins. También cómo lograba escurrirse de la censura del Código de Producción con el famoso plano de Janet Leigh en Psicosis, donde construye un asesinato sólo a través del montaje, o antes, en el beso interminable de Notorious entre Cary Grant e Ingrid Bergman, pausado con diálogo insulso, pero que lo sostiene durante dos minutos y medio.

Pero no sólo la conversación gira alrededor de la estética (especial punto al tema del tiempo, que lo hace más lento o rápido de acuerdo a lo que se busca), sino también en la forma como el llamado maestro del suspense abordaba lo temático y cómo su propia experiencia de vida y su psicología están plasmados en su trabajo (Vértigo, por ejemplo). En este sentido, recurrir a los registros de audio de las entrevistas y tener al protagonista y a su entrevistador en primera persona añade fuerza a lo estimulante del proceso creativo, y su convicción de que el fin último es que el espectador disfrute.

Este documental es una pieza imperdible, motor importante para recuperar el interesante documento que significó Hitchcock/Truffaut y que debería ser lectura obligatoria para quienes gozan de este arte. Durante los 80 minutos de este registro no sólo se disfruta de un nutrido compilado de Hitchcock, sino que nos ayuda a entender lo que durante gran parte del siglo XX significó hacer cine, donde la carencia tecnológica daba lugar a las ideas, curiosamente partiendo del límite. Fundamental para una persona cinéfila.