Después de ver Elle, me volvió el interés por Isabelle Huppert. La actriz francesa lleva décadas escogiendo papeles fuertes y despojados de pudor. Interesantes roles con un poder interpretativo que en Hollywood es algo muy puntual y reciente en personajes femeninos. Sin embargo, a la cabeza viene La Pianiste, o La Profesora de Piano, como fue conocida por estos lares.

La cinta de Michael Haneke ya fue estrenada hace 15 años en Cannes, donde ganó el Premio del Jurado. Partamos con que se combinan tanto Huppert con un director de carácter, en una historia con varios niveles de lectura, especialmente ahora.

En térinos de historia, Isabelle Huppert es Erika Kohut, una profesora de piano avecindada en Viena, que da conciertos privados y hace clases en un conservatorio. En uno de esos concierto, un joven llamado Walter  Klemmer la escucha y se enamora de ella, en un tipo de aproximación muy Disney. Todo bien hasta ahora. El tema es que Erika aún vive con su mamá, en una relación de amor-odio con ribetes violentos y de un sometimiento casi enfermo, y además con una vida oculta aficionada al sadomasoquismo y el consumo en tienda de videos porno.

La compleja dimensionalidad de Erika se convertirá en un problema para Walter, quien la ve como una maestra y, de a poco, comienza a descubrir los aspectos más privados de ella. Al comienzo, con miedo, pero luego tratando de sumarse al juego, Walter intenta estar al nivel oscuro de Erika, tan típico de los personajes de Haneke, pero desde una perspectiva más explorativa que de convicción.

Fundamentalmente interesante para entender la represión de Erika y su punto de ebullición es la primera escena, donde va a un locutorio de una tienda porno a ver videos de sado. En la tienda, seria, espera por su lugar de entre todos los locutorios ocupados. Al fondo, vemos cómo unos hombres hablan entre ellos y la miran de reojo, preguntándose qué podría estar haciendo allí alguien que luce tan fruncida, para luego dar lugar a sus propias elucubraciones sexuales, todo esto sin salir del espacio privado de cada uno. Luego, dentro del privado, Huppert ve sordidez oculta, todo con la música de fondo de Schubert.

Las piezas de Schubert y de otros compositores son parte importante, tanto a nivel armónico como de significado, durante toda la cinta. El piano y el silencio influyen en la tensión de los personajes y las situaciones más incómodas. Esto lo podemos ver desde el minuto uno, con una toma estéticamente simétrica de manos tocando el piano; y la otra, en la escena final, que spoiler.

Es verdad, Huppert aporta una interpretación soberbia, en un personaje superficialmente atormentado, pero contrastado con un deseo interno y poder personal recluido a su intimidad. Esta lucha psicoanalítica es la que permite comprender las vicisitudes de Erikay lograr empatizar con ella. Porque lo que socialmente puede considerarse enfermo, como la sumisión, tiene una profundidad psicológica que muchas veces no estamos dispuestos a aceptar.

Un botón: Acá pueden ver, cortesía de alguien con mucho tiempo libre, un montaje con la transformación de Erika.