Alucarda, la hija de las tinieblas (1978, Juan López Moctezuma) es de esas películas que siempre integran las “10+” en cuanto a terror mexicano. El país del norte, cultor de una estética y una mística asociada al terror y a la muerte, siempre ha dado buenos ejemplos experimentando en este género. López Moctezuma es uno de esos experimentadores.
En específico, esta cinta, que puede encontrarse íntegramente en YouTube, cuenta la historia de Alucarda, una huérfana que vive en un convento/orfanato y que se hace amiga de Justine, una muchacha que acaba de ser enrolada allí. Digamos que el convento no pinta bien desde el minuto uno, con unas monjas gritonas en medio de unas ceremonias poco ortodoxas.

En fin, Alucarda y Justine se hacen muy amigas, pero la primera ya presenta una personalidad muy dispersa, quizá liberada dentro de una represión intrínseca del monasterio. Ambas escapan al bosque circundante, donde se encuentran con un gitano pagano random que les regala unas lágrimas de gitana, y luego van a un templo maldito abandonado por ahí, donde al parecer a Justine la envuelve el mal. Ambas vuelven alteradas al convento, y si bien un posterior Doctor Oszek busca mejorar a Justine con la ciencia y la medicina por delante, el Padre Lázaro, regente del recinto religioso, expone a ambas a ritos de expulsión de espíritus cada vez más inquietantes.

Bastante controversial situándola en su contexto temporal y espacial, considerando que aborda posesiones espirituales -en un país ultra católico-, lesbianismo sugerido y no tanto, una crítica a una iglesia inquisidora y violenta, orgías satánicas y monjas llenas de sangre. Esta película, más que original, podríamos decir que se dedica a recoger elementos típicos del terror pero también del explotation al momento de tratar ciertos choques morales dados por la cultura. Así, es notoria la influencia del satanismo de Mario Bava en La Máscara del Demonio (1960), como la estética de La Marca del Diablo (1970), sin dejar de lado el sentido de lo gótico propio del género, convento mediante, pero también mostrando y comprometiéndose con una explotación propia de ese cine censurado de Dwain Esper de comienzos de los años 30.

Es interesante cómo, en esa ambigüedad moral que caracteriza la película entera, se nos presenta el bien y el mal de manera política, tanto en seguir el status quo en el convento, como en optar por la rebeldía que se presenta fuera de éste (gitano incluido, que tienta a las huérfanas). Uno podría esperar un juicio, o una inclinación de uno sobre el otro, punto central del conflicto narrativo. Pero si bien se nos muestra -y en demasía- los actos del mundo del bien, cuya normalidad aguanta procesos exorcistas bastante sacados de quicio, nunca logramos encontrar qué finalmente prevalece sobre lo otro. La cinta, modesta, carece de un discurso potente y cae más bien en difuminar el límite entre lo bueno y lo malo pero de manera confusa, una moralidad presente de manera más limpia en Psicosis (ok, estoy MUY consciente de la diferencia entre ambos).

Con todo esto, pasó sin pena ni gloria en su momento, y no fue sino hasta mucho después que se llevó la etiqueta de película de culto, principalmente emparejado a su autor, porque Juan López Moctezuma tenía sus seguidores, y vaya que estaban dispuestos a seguirlo, como cuando en 1992 dos de ellos lo secuestraron desde un manicomio para hacerle recordar quién era. (Hay un documental muy bueno sobre este episodio, que lo comentaré en otra ocasión).

Como si toda esta extravagancia fuera poca, Alucarda originalmente fue interpretada en inglés. Esto no es nuevo, ya que el cine Giallo daba cátedra sobre cómo producir esto, pero ¿Fue la cinta de Moctezuma hecha así para el mercado internacional que ama comprar este tipo de bizarreadas? Jamás lo sabremos. Claro que, como si fuera poco, para poder mostrarla en el mundo hispanoparlante optaron por doblarla en español de ¡España! Entonces tenemos una película doblada al español de España, que originalmente fue interpretada en inglés por actores mexicanos hispanoparlantes.

Es recomendable darle una oportunidad a esta cinta, que sí tiene un sentido mucho más profundo en temas de terror puro que El Santo y Las Momias de Guanajuato, tampoco llega a un desarrollo como el cine de Carlos Enrique Taboada. Hay momentos que caen fuera de toda lógica, como el turning point del Doctor Oszek (sin ánimo de spoilear). Digamos que este film tiene su lugar donde corresponde en un cine bizarro.