La historia habla de un –de hecho, no tan- joven director holandés llamado Paul Verhoeven. Un iconoclasta, que había dirigido la áspera Spetters en 1980, y a quien intentaron endulcorar en Hollywood, pero que en vez de producir confitado, salió con una muy política Robocop y luego con una oda a la misoginia con Bajos Instintos. ¿Resultado? Entre que incomodó y se incomodó. Tomó sus maletas y regresó a Europa, donde pudo hacer historias que realmente buscaba, sin que le respiraran en la nuca.

Así, en una pequeña elipsis de casi 25 años, nos saltamos a Elle, su nueva película protagonizada por Isabelle Huppert, que se estrenó hace un tiempo en Sanfic, y ahora está en la cartelera del Normandie.

Cayendo en el lugar común de resumir una película en una frase, podríamos decir que Elle cuenta la historia de una ejecutiva (Michelle Leblanc) que es violada por un sujeto en su propia casa. De ahí en más podríamos pensar que todo se trata de una mujer en busca de venganza, pero no. De hecho, vemos como, acto seguido, en la siguiente escena trata de hacer como que no ha pasado nada y continúa su vida normalmente, peleando con su hijo, una adolescente burgués atrapado en una relación enferma. Eso, sumado a la amiga con quien Elle dirige la empresa de videojuegos que tiene un presuroso deadline, a su ex marido escritor –un petimetre- y su novia estudiante, y a los vecinos de enfrente que digamos que son raros –partiendo por la señora, una católica de aquéllas- , forma un cóctel de contradicciones que sólo puede descomprimirse con escenas de humor muy, muy oscuro. No por nada, la primera escena en que todos están juntos, la cena navideña, tiene a Lust for Life de Iggy Pop como canción orgánica.

El tratamiento es clave, pues una premisa como el de Elle podría perfectamente encajar en un thriller psicológico en plan víctima que se convierte en vengadora. Sin embargo, partamos porque el personaje muy empático no es. Y siguiendo con la película, tiene unas dosis de ironía y humor muy poco frecuentes para el tema, que buscase distancia en vez de empatía con una protagonista sufriente. Desde la escena uno, donde es violada frente a su gato, que observa todo muy indiferente… muy gato.

Para Verhoeven lo convencional no va. Paul tiene un sello, y su humor no busca hacer reir, sino molestar. No por nada es una historia burguesa, donde las cosas se esconden, donde la culpa se transforma en silencio, y así entendemos cómo una persona que ha sido violada está actuando de la manera en que lo hace. Eso, y más cosas, porque la fuerza narrativa está dada por el background de Elle, que nos hace pensar a todos en la “aaaaaaah, por eso se lo tomó así”. Ok, una pista: Trauma infantil con el padre. Segunda pista: No, no es lo que piensan.

Isabelle Huppert es excelente como Elle. Releyendo blogs y blogs, pueden encontrar que muchas actrices dijeron No a esta proyecto apenas vieron el personaje, pero quien ya haya sido dirigida antes por Michael Haneke en La Profesora de Piano –como la masoquista Erika- no se sintió intimidada por este guión, que de seguro al leer pudo haber sido interpretado por cualquier otra como vulgar y violento.

¡Ah! Y hacía mención anteriormente al cóctel de personajes, porque se presentarán un listado de intrincadas relaciones entre todos, oscuras por cierto, pero no hay que perder de vista al hijo de Elle, Vincent, personaje provisto de más sensatez de la que aparenta.

Ciertamente una historia atrapante, con una aproximación puntiaguda e incómoda, con muchas preguntas, pero que afortunadamente cierran, así que no se estresen.